
El trabajo con caballos es para mí, un camino de reconocimiento y exploración en dos direcciones: hacia adentro y hacia fuera. La misma fuerza que me lleva en busca de una mayor comprensión de los caballos, su naturaleza y comportamiento, me conduce inevitablemente a mi interior. Así esta tarea de aprendizaje junto a los caballos es un intento de recorrer los caminos que llevan a mi propio desarrollo interno.
Poco a poco, me he dado cuenta de que el Caballo no necesita ser domado: para estar con nosotros sólo basta con escucharlo, comprenderlo y respetarlo. De esta manera, nace la verdadera relación de Amistad con todo Caballo, desde el potro bagual que corre por la llanura hasta el pony olvidado del club hípico.
En la verdadera amistad está, también, la clave para la comunicación y la comunión, sin sometimiento, sin imposición. Sólo en este modo operante yace la base efectiva para el mutuo aprendizaje y la libertad, tanto para el caballo como para nosotros.